Asumir nuestra responsabilidad.

Somos los únicos responsables de nuestra felicidad. De nada sirve mendigar a otros que nos hagan felices, ni tampoco culpar a otros y responsabilizarlos de nuestra propia infelicidad. Por mucho daño que nos hayan podido hacer solo nosotros tenemos la llave de nuestros pensamientos y sentimientos.

¿Quién más que uno mismo tiene poder sobre si?
¿Quién tiene el poder de pensar en nuestra propia mente? Cuando desconfiamos de nuestra capacidad, quedamos paralizados y culpamos a otros por nuestro fracaso. En realidad el fracaso como tal no existe. Todos nuestros actos nos llevan inevitablemente a una nueva experiencia de aprendizaje y el fracaso será en todo caso un "resultado no esperado" del cual tenemos mucho para aprender.